En las postrimerías del siglo XIX estaban establecidas en Guatemala dos industrias: Cantel y la Cervecería Centroamericana. La primera en la ciudad de Quetzaltenango y la otra, en la Finca El Zapote, en el extremo norte de la Nueva Guatemala de La Asunción.
A principios del siguiente siglo, diferentes gobiernos apoyaron el proceso de indus-trialización mediante incentivos fiscales y exención de impuestos, porque significaba progreso, modernización y una economía estable. A pesar de la crisis económica derivada de la primera guerra mundial, esas industrias, junto a la fábrica de cemento de Carlos F. Novella y la de jabón de Köng Hermanos, eran verdaderos éxitos industriales. Al rededor de 1922 la Cervecería empleaba 500 obreros, utilizaba las mas refinadas técnicas e impresionaba a los visitantes por su limpieza y eficiencia, así como por el producto de magnífico sabor. Eso no debe sorprender, pues los supervisores eran maestros cerveceros alemanes y se importaban lúpulos y cebada de la mejor calidad.*

La industria se estableció en la finca El Zapote, propiedad de la familia Castillo, ubicada al final de la 3a. avenida. El ingreso se hizo con una visión urbanística que aun hoy causa admiración. Se construyó un pórtico de car·cter fortificado y se prolongó el trazo de la 3a. avenida en el interior de la finca, hasta terminar en el templo dedicado a Santa Delfina de Signé, como el punto culminante de aquella intervención de carácter privado.
El pórtico y la ampliación urbana de fines del siglo XIX, son un claro influjo del romanticismo francés que, luego, los gobernantes liberales impusieron en toda América Latina. Su trascendencia en los ensanchamientos urbanos y en la arquitectura perduraron hasta la primera mitad del siglo XX, como puede observarse en la obra pública realizada por presidentes como: Justo Rufino Barrios, con la construcción del Hipódromo del Norte, punto culminante de la Avenida Simeón Cañas, que para abrirla, debió de-molerse el templo de Jocotenango (hoy parque Morazán); Manuel Estrada Cabrera, en cuyo período se construyeron el Templo a Minerva y el Mapa en Relieve, en el referido hipódromo y José María Reyna Barrios, quien proyectó el Bulevar 30 de junio (hoy Avenida La Reforma), que terminaba en el Palacio de Mármol, en donde se encuentra el Monumento a Los Próceres de la Independencia. Ver REVUE junio 2002.
La arquitectura del período de Jorge Ubico Castañeda, se caracterizó por el influjo de dos importantes corrientes: la colonial de La Antigua Guatemala y la medieval y renacentista española. De la primera, el Palacio de Correos y Telégrafos, en la 12 calle y 7a. avenida, retoma el modelo establecido por las monjas de Santa Catalina, en la ciudad colonial, de crear un arco, por encima de la calle, para unir dos edificios. Ver REVUE abril 2000.
Ejemplos de la segunda son, el Palacio Nacional, resuelto con imitación de bloques de piedra color verde y el Palacio de la Policía Nacional, construido en lo que fue el convento franciscano, en la 6a. avenida y 14 calle de la zona 1. En ese último se usó el concreto imitando piedra, en tonalidades grises y rojizas. Su autor, el arquitecto don Manuel Moreno, quien por entonces era uno de los profesionales de más renombre en nuestro país, estuvo ligado al diseño y ejecución de importantes obras públicas que impulsó el gobierno dictatorial.
Si se compara el pórtico de la cervecería con el Palacio de la Policía Nacional, se verá que la calidad del trabajo es semejante, lo que induce a pensar que su constructor lo tomó como referencia. Con la apertura de la primera etapa del anillo periférico a la ciudad de Guatemala, que conectó la carretera del altiplano occidental con la del Atlántico y que atravesó “el bosque de El Zapote”, se perdió aquel ingreso monumental. La 3a. avenida dejó de tener la importancia que hasta entonces tuvo, la Cervecería debió resolver su entrada por otro sector y el pórtico quedó relegado a un plano secundario. No sirvió mas como ingreso y, en general se le vio de menos. Fue por ese tiempo que se demolió la casa de madera que estaba contigua y que por muchos años sirvió para albergar oficinas, para construir un nuevo edificio, para nuevos usos, que no tomó en consideración el valor arquitectónico y simbólico de aquel importante elemento.
Hoy, la centenaria industria cervecera, luego que el Estado de Guatemala declaró al Pórtico de Ingreso, Monumento Nacional, tiene la intención de hacer lo que, en términos de conservación, se conoce como poner en valor. Es decir, llevar a cabo trabajos de conservación propiamente dichos, así como todas aquellas acciones tendentes a unificar su imagen arquitectónica y urbana que coadyuven a recuperar la importancia y prestancia que una vez tuvo.